Escrito por: Delfo Tomislav Gastelo Miskulin
En la actual sociedad del conocimiento las ideas importan mucho en el desarrollo empresarial, siempre y cuando éstas sean constructivas y representen verdaderos aportes en el servicio a los demás.
Las ideas son como el carbón encendido, necesitan del aire motivador para poder generar el fuego de la proactividad. Si no hay aire, las ideas se convierten en cenizas y nuestras metas y objetivos dejan de existir.
No cabe duda que el escenario bajo el cual surgen las ideas es a través de la experiencia. Pues es exactamente en nuestro ambiente de trabajo donde nos encontramos con un variado conjunto de detalles que podemos mejorar, sin embargo también es importante aportar ideas novedosas que le den un alto valor agregado al servicio que ofrecemos.
Para que se impulse este tipo de ideas es necesario que tanto los directivos como los compañeros de trabajo siempre estén dispuestos no sólo a escuchar, sino a considerar la forma más adecuada de canalizar nuestras sugerencias.
Lamentablemente en las reuniones de trabajo en equipo, vemos continuamente cómo frente a una nueva idea, la mayoría se opone y hace todo lo posible por sepultar en el silencio las ideas. En consecuencia, si una persona alguna vez fue víctima de este tipo de situación, probablemente ya no tenga la misma motivación para seguir aportando, y el fuego de su talento se apagará paulatinamente hasta extinguirse por completo.
Por tanto, es necesario analizar la viabilidad de un procedimiento que canalice la propuesta y ejecución de una idea, en la cual una de las formas para que una idea sea escuchada podría ser el escribir en un papel las sugerencias y tramitarlas adecuadamente.
Cuentan que navegando en medio del mar, un discípulo le preguntó a su maestro: ¿Cómo puedo hacer para aprender a escuchar verdaderamente las ideas de los demás? El maestro levantó con su mano una estatua de oro y la tiró a las profundidades. Inmediatamente el discípulo se lanzó al mar tras ella y después de unos minutos el discípulo salió a la superficie muy orgulloso y alegre de haber recuperado la estatua. Sin embargo, el maestro le dijo que lo estuvo llamando reiteradamente para responderle. El discípulo avergonzado le dijo que no le había escuchado. El maestro le respondió que lo mismo sucede cuando sólo nos preocupamos por ser más competitivos, tener siempre la razón en nuestros argumentos e imponer nuestro criterio.
De esta forma nos sumergimos en el mar de nuestro ego, lo cuál no permite escuchar las ideas de los demás, ni mucho menos considerarlas.
Salgamos a la superficie de la tolerancia cuando nos presenten proyectos. ¿Escuchamos las ideas de los demás o nos escuchamos a nosotros mismos?
1 - Ricardo Zumaeta Vallejos - el 27/07/2007 a las 10:41 comentó:
Es importante centrarnos en nuestra capacidad auditiva, concuerdo con el autor que en nuestra desesperacion de seguir siendo competitivos y buscando por todos los medios tener la razon, olvidamos ese detalle de la escucha activa, con eso no quiero decir que no nos actualizemos ni nada por el estilo, sino más bien manejarnos mejor en ese detalle, se predica con el ejemplo, le preguntaria al autor como ha hecho para desarrollarse en lo que manifiesta.
Hay (1) comentarios hasta el momento
UniversidadPeru.com no se hace responsable, ni está necesariamente de acuerdo con las opiniones expresadas en este artículo, o en los comentarios vertidos al mismo.
UniversidadPeru.com permite la reproducción total o parcial del contenido de sus artículos siempre que se cite a UniversidadPeru.com, así como a su autor como las fuentes. Para mayor información, consulte nuestras Condiciones de Uso.