Escrito por: Delfo Tomislav Gastelo Miskulin
Todos los educadores añoran los finales de curso, donde se combinan agridulces las tristes despedidas de los grupos de alumnos y la expectativa de unas merecidas vacaciones. En esos días se están produciendo por doquier estos adioses, aparentemente felices por darse un recíproco descanso entre docentes y discentes, pero que entrañan un sentimiento de pérdida por alejamiento, quizá sentido inmediatamente por el profesorado y pasados días o años por el alumnado.
Entre las numerosas fiestas de finalización de un curso académico hay una que muchos valoramos de modo singular: y es la ceremonia de clausura en la que se premia a todo el alumnado por haber concluido con éxito su formación escolar; a ésta ceremonia es especialmente meritoria la concurrencia de muchas madres y padres en pleno horario laboral, que dejan sus trabajos por un momento para reconocer la trascendencia y la prioridad que otorgan a la educación de sus hijos e hijas que están prontos a seguir una educación superior en la cual se van a valer de sus propios medios y de lo aprendido en la escuela para salir adelante.
En tan solemnes ceremonias se escuchan siempre admirables palabras por parte de las autoridades institucionales y académicas presentes, y de padres agradecidos por lo que han enseñado a sus hijos; pero se podría decir que en casi todas estas ceremonias existe una persona, sea padre, alumno o docente que anima a los jóvenes a seguir estudiando y pone de manifiesto un argumento máximo, válido para cualquier persona en formación; la cual es que sólo la educación es la que podrá dar a ser humano la libertad, la emancipación personal a cada una de las personas y la libertad colectiva para todo el mundo.
La educación es el único medio que puede asegurar la libertad de una persona siempre y cuando sea utilizada para el bien de uno mismo y del prójimo; sin ella nadie podría vivir, aunque se puede decir que hay personas con poca educación no se puede afirmar que existen personas sin educación, ya que sea en un alto o menor grado, todas las personas tienen un mínimo de educación; por eso si todos cooperáramos en una mejor educación para todos, lograríamos ser verdaderamente libres.
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